28 de mayo de 2009

LEJANO


Puede que los cuentos que James Salter reune en "La última noche" rocen, para algunos, la perfección. No voy yo a negarle que posee una sabia percepción de la profundidad de la vida, es casi nonagenario, y creo que se nota en su escritura, y tal vez sea el paso de tantos años sobre él lo que a mi me lo muestra de un correcto pero frío estoicismo en el tema que lo obsesiona, que naturalmente lo obsesiona, y es ya, o ha sido siempre, su único tema: los desengaños y la devastación del amor.

Nos dijeron que en la ficción de Salter el paraíso siempre está perdido de antemano, hasta ahí sensatez. Que sus personajes vagan, beben, tropiezan, se hunden, pecan y tientan a los demás para que pequen, lógico. Pero algo de lo que no me avisaron, y es donde yo creo que más se acerca o al menos más a mi me llega, es en que cuanto más se sumergen (sus protagonistas) en sus pozos de amargura más revive en ellos y más persiste el recuerdo de tiempos mejores, y eso es para mi lo que mejor nos cuenta. Se ha celebrado mucho el relato que da titulo a la colección pero para mi el mejor es "Arlington", la cruda descripción del entierro del militar (él fue militar y participó en la guerra de Corea) es lo que me ha quedado de este libro.

Hay quienes han llegado a compararlo con Hemingway y con Scott Fizgerald, a quienes admiraba, en mi opinión toma y se acerca más al primero, ambos (Ernest y James) eran periodistas. Su economía redactora, de asombrosa concreción, puede que tenga ahí su origen.

Tal vez si vuelvo a leer este libro dentro de cuarenta años, él y yo seremos otros, me cuente y desvele cosas que ahora ignoro o solo puedo intuir, quizás.

22 de mayo de 2009

DE ARTÍCULOS Y LIBROS


El pasado martes hablaba Bejarano, desde el desierto, magistral como siempre, del peligro de no asumir las responsabilidades propias de un gobierno y de las nefastas situaciones a las que tales negligencias han de conducirnos. En este artículo, al que titulaba "Las efusiones del pueblo", Paco nos recomendaba la lectura del libro de Miguel Maura "Así cayó Alfonso XIII".

Recordé haber visto ese libro en la biblioteca de mi padre, que contiene una amplia sección dedicada a los temas monárquicos, no en vano nació, y se interesa por ellas, en las fechas en las que da comienzo el relato de Maura, esto es a mediados de la dictadura de don Miguel Primo de Rivera y a que en su juventud fue fiel y ferviente partidario de la enésima restauración de la causa monárquica en la persona de don Juan.

Ese libro más de una vez había estado entre mis manos mientras trasteaba por aquella biblioteca con mis curiosidades de infancia y juventud, pero nunca llegué a leerlo.

Siguiendo las recomendaciones del poeta encaminé mis pasos hacia la casa paterna, y tras obtener el preceptivo permiso, allí encontré el libro sin mayor dificultad, estaba donde yo lo recordaba, donde había estado siempre, donde tenía que estar. Lo cogí y conmigo lo tengo.

Miguel Maura nos ofrece su visión, no diré yo que no muchas veces autocomplaciente y justificadora de pasadas decisiones por él tomadas, de los hechos acaecidos durante los últimos días, los estertores, de aquel régimen monárquico y su posicionamiento ante la clara y evidente instauracion, para todo analista sensato, de nuestra (ahora parece que más de unos que de otros) segunda República. Insiste en la idea, defendida fundamentalmente por Alcalá Zamora y por él, de que la derecha liberal republicana (monárquicos, al fin y a la postre, desencantados y desengañados y pragmáticos conocedores de la realidad que se avecinaba) no debía, ni podía, quedar fuera de los manejos instauradores del nuevo régimen y de que la futura e inminente República no podía ser dejada sólo al arbitrio de las decisiones de la izquierda radical, único cuerpo político con estructura de organización efectiva en aquellos delicados y decisivos momentos.

Y en esta lectura estoy, interesante como suelen serlo casi todos los reflejos directos de inmediatas memorias y por lo mismo con mucho, o con todo, lo que de bueno o malo pone en cuanto escrutamos muestra pasión y nuestro subjetivo (somos sujetos y jamas podremos analizar cosa alguna de modo totalmente objetivo) punto de vista.

De su comienzo entresaco una definitoria y definidora conclusión con vista al posterior análisis: "El rey estaba solo, completamente solo en el campo político. Mi instinto, que rara vez me ha fallado en estas materias, me decía que asistiamos al ocaso del régimen, y que nada ni nadie salvaría al rey de la caída y la abdicación, lo cual representaría, dada las lamentables circunstancias familiares de la dinastía, la caída de la institución misma".

A mi tampoco suele fallarme mucho la intuición, y observando la deriva del nieto del por Maura descrito y retratado, de nuestro actual rey (no ya monarca para republicanos como él mismo pretendió definirse en algún momento sino directamente -puede que por hartazgo ante los innumerables desprecios a los que a lo largo de su existencia ha sido sometido- republicano monarca) y a las lamentables decisiones tanto publicas como privadas (pero siempre libres) y a su voluntario desapego y desarraigo de las tradicionales y populares costumbres del que podría ser su sucesor, y a las nada casuales campañas mediáticas en contra del régimen y de la Institución(pero nunca valientemente propiciadoras, auspiciadoras e impulsoras de un cambio constitucional) no digo negro pero si del más profundo oscuro puede augurarse el futuro de nuestra monarquía.

18 de mayo de 2009

SIN COMPROMISO





Una mujer desnuda y en lo oscuro

tiene una claridad que nos alumbra

de modo que si ocurre un desconsuelo

un apagón o una noche sin luna

es conveniente y hasta imprescindible

tener a mano una mujer desnuda.


Una mujer desnuda y en lo oscuro

genera un resplandor que da confianza

entonces dominguea el almanaque

vibran en su rincón las telarañas

y los ojos felices y felinos

miran y de mirar nunca se cansan.


una mujer desnuda y en lo oscuro

es una vocación para las manos

para los labios es casi un destino

y para el corazón un despilfarro

una mujer desnuda es un enigma

y siempre es una fiesta el descifrarlo.


Una mujer desnuda y en lo oscuro

genera una luz propia y nos enciende

el cielo raso se convierte en cielo

y es una gloria no ser inocente

una mujer querida o vislumbrada

desbarata por una vez la muerte.





Fue muy a principio de los ochenta, en una tarde-noche de finales de mayo en el salón don Guido de la calle Paúl, se lo trajo y nos lo trajo a unos pocos, muy pocos aquel día (creo que coincidió con alguna final de campeonatos de fútbol europeo), Miguel Ramos aquel mal y esforzado poeta pero entrañable y literario personaje. El uruguayo se empeñaba en hablar ese día, con su voz melodiosa y su frágil figura de su prosa y sus cuentos pero todo, no podía ser de otra manera, derivó a la poesía. Yo era un bisoño estudiante de bachillerato, de BUP para ser exactos, y acudía a aquellas reuniones acompañado y acompañando a condiscípulas de clases, siempre me gustaron ( y me siguen gustando) las mujeres y la poesía, a poder ser ambas desnudas. Y se sirvieron copas y susurraron versos con acento uruguayo, lejos de la política y de los compromisos.

Mientras desayunaba y escuchaba el boletín de noticias de RNE he sabido de su partida y todo esto me ha venido al recuerdo, y el bueno de Mahandry untando mermelada a su tostada me ha dicho, esta vez serio:

-¿Sabes donde nació? (y antes de que yo pudiese responderle me ha espetado) En Paso de los Toros.

16 de mayo de 2009

DESDE CERCA




















Admitiendo, y yo lo admito, que un matador de toros es un doctor en tauromaquia, tendremos que reconocer que la faena ejecutada hoy por José Tomás al segundo de los de su lote es la exposición magistral de la técnica, el dominio y el conocimiento de los terrenos, hacer con el toro lo que el toro parecía no iba a permitir que se le hiciese, llevar al toro por donde no quería ir, rotundidad en el concepto del dominio del animal. Sencillamente canónico.

EN FRÍO


Apuntes, destellos, ramalazos, pinceladas. Eso fue lo que vimos ayer tarde en el coso de la calle Circo. El ganado de Juanpedro no decepcionó (como yo me había temido) y dio juego en general, con un notable, el 5º, que tuvo la desgracia para ambos de tocarle al Fandi que nos aburrió con una largísima faena anodina pero al que al menos despachó con una limpia y certera estocada (ese toro merecía mucho más).

El comienzo de la faena de muleta de Manzanares al 3º fue de belleza sublime, dos de los naturales de autentico cartel, pero fue a menos. En el que cerraba plaza, un bonito burraco, el torero puso muchísima entrega, estuvo a la altura.

De Morante hablé en caliente y lo hago ahora en frío, ayer solo nos dejo intuir lo que puede ser su toreo que como varias veces he repetido es de los actuales matadores con el que más comparto su concepción estética, ayer además se le vio con ganas y determinación.

En fin una corrida más, y no una menos, que no me parece poco.