11 de junio de 2010

CON UN LIBRO BAJO EL BRAZO POR LA CORREDERA





Hablaba con mi padre por la Corredera, y acompañandolo con gestos y con pasos, le decía que únicamente con oír una voz o ver el caminar de alguien acercarse no sólo se nos define ,el fantasma caminante que a nosotros se aproxima de forma casi plena, sino que en alguna estrecha y oscura calle me bastó escuchar tras de mi alguna pisada para saber, claro y sin volverme, por quien era seguido.

Y en una bolsa de la Luna Nueva un libro de Amorós que evoca tiempos de una edad de plata en la que nació él (al que yo acompañaba) y que retrata a Ignacio pero me trae el recuerdo de Luis, de Federico, de leopoldo (y de tantos amargos y entrañables desencantos), pero en ese momento nos cruzamos de acera y besé una vez más (después de mucho tiempo) a una vecina de esa calle, la de ella y la de mi padre (y por ello la mía).

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿no es por esa calle por donde cae un "agüita calaera"?

La Pescaera Chillona